En primer lugar debes tener en cuenta que si el rosal estaba plantado en una maceta, es muchísimo más sencillo que agarre en su nuevo suelo. Sin embargo, si el rosal estaba plantado en la tierra, es más complicado, aunque esto depende de la cantidad de raíces y lo profundas y extendidas que estén.

Si está plantado en la tierra, es recomendable que lo riegues previamente para que ésta esté suelta y por tanto puedas extraer mejor las raíces rompiendo las mínimas posibles. Es importante también que evites hacerlo durante el día, si puede ser mejor por la noche o bien por la mañana temprano.

Por otro lado, es importante también que lo podes antes de transplantarlo, sobre todo porque así facilitarás su transporte y también tendrá más fuerza para agarrar en su nueva tierra. Lo ideal es cortar todas sus tramas hasta que éstas alcancen entre 50 y 60 centímetros cada una.

La mejor época para transplantar un rosal suele ser el otoño y el invierno. En esta época tendrá humedad suficiente y además hará que crezca con más fuerza durante la primavera siguiente.

En su nueva situación debes cavar un hoyo lo suficientemente amplio como para que quepan todas sus raíces. Es muy importante que lo humedezcas antes y que lo abones. Una vez que plantes el rosal, procura regarlo con abundante agua para que las raíces puedan adaptarse mejor al nuevo suelo.

Otro consejo a tener en cuenta es que elimines todo elemento de la planta que tenga mala pinta como por ejemplo hojas y flores secas o pochas. Ni qué decir tiene que cortes todas las flores del rosal, ya que así le ayudas a que centre su esfuerzo en adaptarse al suelo y no a crear flores.